No todas las drogas son iguales. Una de las clasificaciones más importantes las divide en duras y blandas. Las primeras causan adicción y dependencia, tanto psíquica como física, y provocan severos daños para la salud y las segundas, aunque en menor medida, pueden originar una adicción o dependencia, psíquica o física, aunque la vida del consumidor no corre gran peligro. Podemos incluir dentro de las drogas duras la cocaína, los opiáceos, las anfetaminas o el alcohol y dentro de las drogas blandas al cannabis o a la cafeína.
Esta clasificación tiene una gran importancia, por ejemplo, en Holanda. En este país está permitido, desde 1976, el consumo de drogas blandas en 650 centros específicos, los llamados coffee shop.
Sin embargo, esta normativa ha dado un vuelco en este año. A partir del 1 de enero, solamente podrán consumir cannabis los ciudadanos holandeses o todos aquellos extranjeros que posean permiso de residencia. Además, deberán inscribirse como miembros del coffee shop no pudiendo superar éste los 2000 miembros. Esta variación se debe a un narcótico que debería emplazarse dentro de las drogas duras, aunque se consume como una blanda. Su nombre en holandés es nederwiet y es un tipo de cannabis, cultivado en la zona, que contiene más del 15% de tetrahidrocannabinol (THC). Anteriormente el cannabis era importado y poseía el 6,6% de THC por lo que no suponía un alto riesgo para la salud.