El domingo nos despertamos conociendo una tragedia. El “Costa Concordia”, de la compañía italiana Costa, había colisionado junto a los arrecifes de entrada al puerto de la isla del Giglio. De este modo se convirtió, con sus 4232 pasajeros, en el buque más grande jamás hundido (el Titanic llevaba a 3500 personas).
La colisión se produjo por una maniobra errónea del capitán Schettino. Era tradición que este barco hiciera un saludo, a modo de reverencia, a un antiguo miembro de la tripulación que habitaba en esta isla. José María Ruida i Pujol, que ostenta el cargo de segundo capital en buques de pasaje, cree que “la ruta que hizo el Concordia es una ruta normal, con las condiciones del tiempo favorables y una velocidad más reducida. Es normal pasar entre las islas. Y también lo de hacer pasaditas. Es común entre algunos capitanes italianos”. Recordemos que los cruceros viven del atractivo turístico y, según palabras de un experto en seguridad marítima, “no es lo mismo hacer fotografías de la costa desde 400 metros o desde 100. Se trata de intereses comerciales que chocan con la seguridad”.